7/16/2011

Los Agricultores y Comerciantes en Pequeño

*
Los agricultores y los comerciantes en pequeño se encuentran establecidos en regular número en Chinameca. Todos son propietarios de pequeñas parcelas de unas quince manzanas de terreno y sus pequeñas fincas de café bajío de alrededor de cinco manzanas; todos también tenían sus pequeñas casas de bahareque o de adobe con techo de tejas y enladrilladas con ladrillo de barro cocido o de cemento.

Los comerciantes en pequeño, además de que tenían sus casas al igual que los agricultores en pequeño, tenían también sus terrenos en donde apacentaban algunas cuatro vacas y sus pequeñas fincas de café.

Los agricultores en pequeño cultivaban cereales, tabaco, caña de azúcar, jícama, camote, yuca, papas. Siembra como las hortalizas, la piña o el papayo eran poco cultivadas. Se sembraba mucha cebolla y ajo.

Los comerciantes en pequeño se dedicaban a la venta de ropa, dulce de panela, jarcia, queso, pilones de azúcar, monturas, puros, cereales. El comercio lo practicaban en las poblaciones vecinas como Nueva Guadalupe, Lolotique, Jucuapa, San Buenaventura, Santiago de María, San Jorge, El Tránsito, San Rafael Oriente, Las Marías, Usulután, San Miguel, Quelepa, Moncagua y a veces, en los tiempos de feria hasta Guatajiagua, Ciudad Barrios y Nuevo Edén de San Juan.

Los transportes de las cosechas y de las mercancías se hacían a lomo de mula o en carretas tiradas por bueyes. Las cargas se metían en matates y costales. Los dineros se recogían en alforjas.

Los comerciantes en pequeño iban por lo general armados con dos pistolas al cinto, lo que significaba que tenían la respectiva autorización de las autoridades civiles y militares para portar armas, que infundían respeto a los vecinos hacia los comerciantes.

Entre las personas que Hernán Calles recuerda, están los siguientes: en el Barrio Yusique, los señores Colato y Granados, que eran agricultores y Don Manuel, que era comerciante.

En el Barrio San Juan están los agricultores Don Domingo, los hermanos Juan y José, a quienes por apodo les decían "los chululos"; Don Víctor, Don Elías, Don Agustín, que era agricultor y comerciante.

En el Barrio Dolores estaban los agricultores Don Jesús y Don Daniel.

Los comerciantes del Barrio de San Juan son: Don Alfonso, Don Jesús, Don Marcelino, Don Adonai y Don Juan. En el Barrio Dolores están: Don Alvaro, Don Cayetano y su esposa Doña Sara.
*

Josefina y Virginia

*
Al referirme a las señoras Josefina y María hablaba de dos descendientes del matrimonio de Don Enrique casado con Doña Concepción, hermana de la abuela materna de Hernán Calles, Doña Juana. Las dos mencionadas, Josefina y María eran, por consiguiente, primas de la madre de Hernán, Doña Virginia.

Josefina y Virginia se relacionaron íntimamente, con esmerada confianza y con profundo y sincero cariño, de tal manera que cuando Josefina contrajo segunda nupcias con Don Benito, en San Salvador, sus hijos Guillermo, Mario, Armando e Isabel (mujer) venían a pasar sus vacaciones a Chinameca. Eran huéspedes filiales de la familia de Hernán Calles; y cuando éste y sus hermanos viajaban a San Salvador eran recibidos del mismo modo en la casa del hogar de Don Benito y Doña Josefina.
*

11/21/2009

1938: 50 Años de la Escuela Normal de Maestros

*
Destaca en este artículo la referencia de que en Chinameca, al menos hacia 1938, se encontraba sepultado Don Gustavo Radlach, primer Director de la Escuela Normal de Maestros. Resaltamos este dato con negrillas y sangría.

EN LAS BODAS DE ORO DE LA ESCUELA NORMAL DE MAESTROS

DIARIO DE SANTA ANA
Hoja de difusión cultural
Santa Ana, septiembre 6 de 1938

La Escuela Normal en el cincuentenario de su fundación. Será conmemorada con entusiasmo esta magna fecha.

Por Joaquín Hernández C.

Cumple hoy cincuenta años de vida la Escuela Normal de Maestros. Medio siglo, en el que sistemáticamente se ha venido desarrollando una labor cultural cuyos óptimos frutos nos prueban el acierto y la trascendencia de su creación. Durante este período ha tenido sus ciclos luminosos y sus ciclos oscuros: es decir, en algunas épocas su labor ha sido favorecida y fomentada y, en otros, hasta se la ha querido suprimir, sin pensar talvez en la trascendencia de su significado. Afortunadamente estos últimos períodos han sido fugaces, como todo movimiento falso y negativo. Y así, vemos con alegría que nuestra patria tiene una escuela, eficiente dentro del marco de lo posible, donde educa a sus jóvenes hijos, anhelosos de superación intelectual y moral. Ha sido en las aulas de esta escuela donde se han preparado entidades concientes, en el sentido lato de la palabra; hombres conocedores y fieles cumplidores del deber, abnegados cultores del espíritu y del cerebro, despertadores de personalidades, quienes, en uno u otro sentido de sus actividades han contribuido al mejoramiento social de nuestro pueblo.

Grande es la evolución que ha experimentado la educación en nuestro país. Es cierto que falta mucho que hacer todavía, pero algo se ha hecho ya. Es manifiesta la tendencia a desaparecer por completo los viejos sistemas de enseñanzas, en los que por medios irracionales y crueles se imparte el conocimiento. Aún hoy, se observan vagos destellos del empirismo. Pero nada puede eliminarse de un tajo, máxime cuando ciertos males tienen caracteres atávicos que persisten en obstaculizar el esfuerzo culturizador. No obstante el conocimiento, la voluntad, el estudio, todo, en fin, esta siendo sometido a disciplinas racionales y a principios normativos que regulan la conducta, educan el carácter y despiertan la personalidad.

La Escuela Normal fue fundada por iniciativa del preclaro General Francisco Menéndez. Este ilustre salvadoreño corroboró con sus obras, sus pensamientos. Supo unir la acción a la idea, el brazo y el cerebro. Pensaba y actuaba. Intuía, con un delicado espiritualismo, los acontecimientos buenos y los malos, tratando siempre de trasmutar estos últimos en los de primera categoría moral. Desplazaba sus energías en sentido constructivo. Poseía mirajes elevadísimos como los de un águila, y encaminaba hacia esas regiones, firmemente sus pasos, llevando tras sí, como un astro, una pléyade de conciencias. Amó la cultura de su pueblo. Fortificó la educación de mil maneras; protegiendo al personal docente y fundando escuelas, a dónde jóvenes y niños fueran a oír la mágica voz de: “SURGET ET AMBULA”. Fue así como concibió la creación de la Escuela Normal, como también un Instituto de Ciencias y Letras.

Aunque su visión intuitiva y orientadora no se hubiera desplazado en innumerables direcciones y con variados fines; aunque la obra del General Francisco Menéndez se hubiese reducido únicamente a la fundación de esta escuela, con ellos bastaría para que su nombre fuera respetado y colocado en la galería de los ilustres. Más él, fue un tipo integral, encaminó hacia todos los rumbos sus anhelos de cultura, con dinamismo raro en nuestra raza, sumida en las cenagosas aguas de la abulia. Su obra y su figura son un símbolo de ejemplaridad humana.

La Escuela Normal de Santa Ana conmemora este día tan fausto acontecimiento de la Historia Patria.
Ha enviado una comisión de alumnos a la ciudad de Chinameca a colocar coronas al sepulcro de su primer Director, señor Don Gustavo Radlach;
celebrará un acto cultural en el salón de actos públicos del plantel; difundirá un acto concierto en la estación radiodifusora YSP de la Policía Nacional, y por la noche tendrá verificativo un baile en su mismo edificio.
*
*

10/11/2009

Los desheredados de la fortuna

*
Cesarea

Cesarea era una desventurada mujer que a consecuencia de una fiebre, según contaba la madre de Hernán Calles, quedó "tullida", es decir paralítica, con las piernas dobladas como pegadas a los muslos, lo que la obligaba a desplazarse a rastras.

La pierna y el muslo derecho habían quedado paralizados horizontalmente, los izquierdos verticalmente, de modo que la señora tenía que arrastrarse forzosamente del lado derecho.

La señora tenía alteradas sus facultades mentales, puesto que hablaba sola; pero reconocía el camino para llegar al sitio donde a diario se estacionaba en el parque para pedir limosna.

La madre de Hernán Calles le daba posada todas las noches para que durmiera en el corredor de la casa y le compraba y le amarraba una cuereta que se ponía en la pierna derecha para que no se rasgara cuando se arrastraba.

Cesarea murió al parecer en el año de 1923.
*

9/27/2009

Las Marimbas de Chinameca

*
La Marimba de Don Chema Hernández

Como he dicho, el padre de Hernán Calles era músico y carpintero. Sin decirle nada a nadie, don José María o don Chema, como se le conocía amistosamente, se puso a fabricar una marimba con todas la reglas de la técnica musical y de la carpintería. Elaboró durante semanas y meses los tabloncillos de cedro hasta convertirlos en una especie de plywood bien lijados pero no barnizados; preparó las reglas paralelas en número de cuatro e igual número de faldones con la diferencia de que uno de los pares eran más pequeños que los otros. Los faldones fueron perforados con broca y trépano. Hizo dos marimbas que formaban un conjunto completo, una grande o mayor que contenía los bajos; el centro o armonía, el tiple o melodía y contratiple y una pequeña o menor, que se denominaba tenor o sea la de las voces segundas o longitud. Los faldones fueron barnizados con barniz de muñeca, brillante, color caoba y el instrumento fue llamado “Marimba Atlacatl”.

El nombre lo pintó en letras góticas color dorado su hija mayor María Elisa.

Las dos marimbas tenían dos teclados, como el piano y su sonido estaba bien regulado de modo que la escala cromática quedaba completa.

El conjunto marimbístico quedó formado de la siguiente manera: director y tiplista melódico el maestro Chema; contratiple, Hernán Calles; centro armonía, Guadalupe Gonzáles (Guadaña); bajos, Salvador Hernández; en la marimba mayor. En la menor, las dos hermanas de Hernán Calles, María Elisa y Rosa Angelina. Posteriormente se le añadió al conjunto un contrabajo que tocaba Salvador, el hermano de Hernán Calles, pasando los bajos a Onésimo Díaz, a quien le decían “Necho” y una batería compuesta de bombo que se sonaba con pedal, tambor, panderetas y platillos, conjunto de artefactos que eran tocados por Clemente Mejía, q quien le decían “Capirucho” y que era el maestro de coro de la Iglesia.

No fue difícil para el maestro don José María formar el conjunto marimbístico. En primer lugar sus hijos María Elisa, Rosa Angelina, Salvador y Hernán, que a la sazón tenían diecinueve, dieciséis, trece y seis años de edad, respectivamente, sabían todos los elementos fundamentales de la música pues todos eran solfistas y tocaban con bastante propiedad, la primera el violoncello, la segunda el violín, el tercero el violín y el contrabajo y el último el violín y la mandolina. Todos ellos aprendieron con rapidez a trémolo o redoble sobre las teclas. Guadalupe, Onésimo y Clemente ya habían tocado en otros conjuntos.

La marimba tuvo gran aceptación en la ciudad y con mucha frecuencia era buscado el conjunto para amenizar no sólo comuniones o bautismos, sino casamientos y otros festivales en el casino y en los salones de clubes deportivos.
*

5/03/2009

Fiestas Tradicionales: Seis de Agosto

*
El día seis de agosto era el de la celebración de la misa en honor del patrono de la ciudad. La misa se celebraba de ocho a diez de la mañana o de nueve a once de la mañana, con la asistencia de la municipalidad en cuerpo. La misa era cantada por coros mixtos, acompañados de una orquesta de músicos profesionales, verdaderos maestros en la ejecución de sus respectivos instrumentos. La misa era preparada por dos meses o uno, por lo menos, de anticipación porque los cantantes no eran solfistas, con excepción de Jeremías Garay que llegaba a pasar unas vacaciones y en poco tiempo aprendía su papel de barítono y quien conocía la lectura musical y el canto, recuerdos de sus prolongados estudios en el Seminario de Ayagualo, estudiando para sacerdote. Las señorita que componían el coro femenino eran: Margatita y Bersabé Araniva, Francisca Hernández, la niña María Pacheco y Alba Guandique. Esta última había estudiado el canto en Nueva York. Tenía una bella voz de soprano coloratura y a ella se le encomendaba el canto del Ave María de Schubert, de Gounod o del Aria del Intermezzo de la opera Caballería Rusticana con la letra del Ave María adaptada a su música. También se le encomendaba estos cantos a Francisca Hernández quien poseía una voz dulce, altamente expresiva. El grupo de cantantes era solo de tres: Virgilio Guerrero, Rosendo Morales y Hernán Calles.

La orquesta estaba integrada por músicos llegados de Jucuapa y los de Chinameca. De Jucuapa era Salvador Quintanilla y su hijo Juan y Rubén Salamanca que tocaban respectivamente, el contrabajo, el chelo y la flauta; de Chinameca José María Hernández y su hijo Salvador que tocaban el clarinete y el violín. Alcides Chávez, un verdadero maestro del violín, Ismael Estrada que tocaba violín, Miguel Cerna que tocaba el clarinete, Hernán Calles tocaba el armonio y dirigía la orquesta y conjunto musical.

Afuera de la Iglesia la feria en todo su apogeo. Todas las calles y avenidas que convergían en el parque, tenían ventas de todas índoles, sobre todo la calle Minerva, la del Comercio, hasta el parque Minerva, todo el derredor del parque y la Segunda Avenida Norte que conduce a la placita, en donde había decenas de carretas, al lado del circo que nunca faltaban en esta temporada. De todas las entradas vecinales entraban y salían caravanas de gente, venían o iban para Jucuapa, Nueva Guadalupe, San Buenaventura, Lolotique por el rumbo norte o noroeste; o de San Jorge, El Tránsito, Usulután, Las Marías, Santa Elena por el rumbo sur.

Por la tarde del día seis se celebrava el tradicional encuentro futbolístico entre el Club Chinameca Sporting con alguno de San Miguel, Usulután, San Salvador, Jucuapa, Santiago de María o Berlín.

Por la noche, el gran baile de gala de las señoritas de todos los barrios de Yusique, El Calvario, Dolores y San Juan, amenizado con la marimba de don Ismael Estrada o de don José María Hernández. Este baile se prolongaba hasta el amanecer del siete, a las cuatro o cinco de la mañana y se celebraba en los salones de la Alcaldía Municipal.

El día nueve era el éxodo de todos los visitantes. La ciudad quedaba vacía. Sólo unos pocos comerciantes se quedaban uno o dos días más dando cómodo, tratando de vender toda la mercancía que habían traído.
*

4/18/2009

Fiestas Tradicionales: Cinco de Agosto

*
El día cinco le tocaba al Barrio El Centro. La carroza salía o bien de la casa de la señotita Elena o de la señorita Bertha,quedando ambas casas al frente de las dos esquinas del poniente del bloque o manzana de la Alcaldía Municipal. Este barrio hacía sus celebraciones sin necesidad de la cooperación popular. Esta cooperación la recibían los demás barrios por medio de rifas de objetos o pequeñas fiestas que celebraban para recoger fondos y sobre todo las famosas "entradas" que celebraba el barrio entero en su día.

Estas "entradas" consistían en que en la casa de donde salía la carroza se reunían los habitantes del barrio, en donde se vendían dulces, refrescos, alborotos, pan dulce, sandwichs, pupusas, pasteles, chancacas y otras golosinas, todo a beneficio de la mayordomía del barrio. Todos colaboraban de manera honrada, Hernán Calles jamás vió que alguien se cogía para sí un centavo. Allí los niños, los adolecentes, los jóvenes y las personas adultas congregadas se divertían charlando, bailando los jóvenes al compás de las notas de la marimba o de una orquesta típica, desde las dos de la tarde hasta el anochecer.

El Barrio El Centro no celebraba "entradas". Las señoritas del Barrio El Centro constituían un grupo compacto enlazado sobre todo por los vínculos del dinero, porque en realidad, las personas que lo formaban vivían en barrios distintos: las señoritas Margarita, Lulú, Ana Ester y María Consuelo Pacheco vivían en el Barrio San Juan y sus primas Josefina, María Teresa, Jesús Olimpia y Rosa Catalina Pacheco Perdomo vivían en el Barrio Dolores, los mismo que Jesús Perdomo, Josefina Garay Pacheco, Dora y Olga Ortega, Matilde y Olga Urrutia. Sólo las hermanas Munguía, Hilda, Marina, Esperanza, Altagracia, Aracely y María Teresa; Cristina y Sofía Araniva, Margarita y Bersabé Araniva Marín; Bertha y Juana Zelaya, Elena Funes, Rosa María Gómez y Jesús Rosales vivían en El Centro. Las hermanas Rosalina, Lidia y Bertha Sánchez y Cristina Aparicio vivían en el Barrio San Juan. Alba Guandique y su hermana Rosa Cándida vivían en el de Dolores.

Y como todas eran, en su mayor parte, de posición económica fuerte y algunas aunque modestas por su reconocida estabilidad pecuniaria, daban la contribución que exigían las festividades.

Por la tarde del día cinco se celebraba la procesión del Divino Salvador del Mundo que recorría las mismas calles de las carrozas, además de que lo hacía también alrededor del parque. Esta procesión era multitudinaria con la feligresía local y con las del vecindario de los cantones que se daban cita ese día para rendirle culto a su patrono celestial.

Por la noche de ese día cinco de agosto, la banda municipal o la banda regimental de San Miguel daba un concierto con marchas famosas o con valses de Strauss, o La Flor del Café, del maestro guatemalteco Alcántara, o Tecum Umán, del maestro Castillo...Ese día los grandes señores de la ciudad se daban cita desde temprano, ocupando los asientos semicirculares con respaldo, situados frente a las cuatro esquinas del kiosko, desde donde escuchaban con verdadera atención y deleite las armónicas notas de los instrumentos.
*